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La invasión vikinga en Sevilla

 

Corría el año 844 y los vikingos, conocidos como Machus (idólatras, adoradores del fuego), aparecían por la costa Atlántica, penetrando por el estuario del Tajo y atacando Lisboa el 20 de agosto. 

 

A finales del mes de septiembre, estos Machus llegaron a la ciudad de Sevilla, a través del río Guadalquivir, tras haber destruido por completo la ciudad de Qwara (Coria del Río).  Muchos de los habitantes de la Sevilla musulmana, que ya llevaban más de un siglo en la ciudad, pudieron salir con tiempo y refugiarse en Carmona y en los montes de la Sierra Norte. El saqueo de los vikingos a la ciudad duraron una semana entera, mataron a muchas personas, otras fueron tomadas como esclavos, y destruyeron la mezquita de la ciudad. 

 

Aunque no fue la primera incursión que los vikingos hicieron en la Península, pues ya estuvieron por el norte y llegaron a Al-Ándalus bajando la costa lusitana, si que se considera, que la invasión de Sevilla fue la primera en importancia, seguramente, los nórdicos ya habrían escuchado hablar del esplendor y la opulencia de los Omeya de Córdoba y no quisieron quedarse sin verlo por sus propios ojos. Por otra parte, otra vertiente considera que llegaron a Sevilla por mera casualidad. 

 

Tras la semana de saqueo, los vikingos volvieron a su base, situada en Yazirat Qitbil (Isla Menor), pensando en volver a la ciudad. Mientras tanto, el emir Abderramán II, preparó un ejército que consiguió derrotar a los nórdicos en el llano de Tablada, siendo estos vencidos por primera. Mil vikingos muertos, cuatrocientos prisioneros y 30 embarcaciones quemadas fueron el resultado de esta incursión vikinga, un mes después de su llegada.

 

 

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